Karen Retana B/ Periodista
Guatemala se prepara para reescribir uno de los relatos más visibles de su identidad cultural ante el mundo. El Ballet Folklórico, una de las expresiones artísticas más emblemáticas del país, atraviesa un proceso de renovación que busca actualizar su propuesta sin perder la raíz profunda que lo ha convertido, durante más de tres décadas, en una carta de presentación cultural y turística.
La iniciativa forma parte de una visión de largo plazo impulsada por el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), integrada en su Plan Maestro 2026–2036, que plantea repensar la manera en que el país narra su diversidad cultural a través del arte. Más que un ajuste escénico, el proceso apunta a fortalecer la representación de los cuatro pueblos que conforman la identidad nacional: maya, garífuna, xinca y mestizo, desde una mirada contemporánea, auténtica e inclusiva.
El rediseño del Ballet Folklórico estará en manos de un equipo de especialistas en arte, cultura y turismo, encargado de definir nuevos criterios artísticos y conceptuales que orienten las futuras agrupaciones. La intención es renovar repertorios, lenguajes escénicos y narrativas, sin diluir el valor simbólico de las danzas, la música y los relatos ancestrales que han dado forma a su trayectoria.
Desde su fundación en 1990, el Ballet Folklórico nació con un propósito que iba más allá del escenario: utilizar el arte como vehículo para impulsar el turismo receptivo y proyectar a Guatemala como un destino cultural. Con más de 40 obras en su repertorio, muchas inspiradas en la mitología maya, el ballet logró traducir en movimiento y música los valores chapines, las leyendas, las tradiciones y la riqueza simbólica de la llamada tierra del quetzal. Esa trayectoria contribuyó a posicionar a Guatemala como un destino que ofrece algo más que paisajes: una experiencia cultural viva.